En el supermercado suele aparecer junto a la quinoa, el arroz integral y otros alimentos “saludables”, pero el amaranto tiene una textura y unos usos propios. Aquí explico qué es, qué aporta, cómo cocinarlo y de qué manera incorporarlo a desayunos, sopas, ensaladas, masas y recetas sin gluten.
Una semilla pequeña con muchos usos en la cocina diaria
- Es un pseudocereal: se cocina como un cereal, aunque botánicamente no pertenece a las gramíneas.
- Aporta aproximadamente 13,6 g de proteína y 6,7 g de fibra por cada 100 g en crudo.
- Al cocerse queda cremoso y algo pegajoso, perfecto para gachas, sopas y rellenos.
- También puede consumirse tostado, hinchado o convertido en harina.
- Es naturalmente libre de gluten, aunque las personas celíacas deben comprobar la certificación del producto.

Qué es el amaranto y por qué se considera un pseudocereal
El amaranto es la semilla de distintas especies del género Amaranthus. Se llama pseudocereal porque no es un cereal botánico como el trigo, el arroz o la avena, pero sus semillas se utilizan de una forma muy parecida y ofrecen hidratos de carbono, proteínas y fibra.
La planta también puede producir hojas comestibles, conocidas en algunos países como bledo o quintonil. En España, lo más habitual es encontrar semillas, harina y amaranto inflado, mientras que muchas plantas ornamentales que reciben el mismo nombre no están destinadas al consumo.
Su origen se relaciona con diferentes regiones de América y con una larga tradición alimentaria. En México, por ejemplo, el grano reventado se emplea en dulces como la alegría. A mí me parece especialmente interesante porque no es un ingrediente de moda sin historia, sino un alimento tradicional que se adapta muy bien a la cocina actual.
Qué aporta desde el punto de vista nutricional
El perfil nutricional cambia según se mida la semilla seca, cocida o transformada en harina. La siguiente referencia corresponde a 100 g de amaranto seco, por lo que no equivale a una ración habitual ya cocinada.
| Nutriente | Cantidad aproximada por 100 g |
|---|---|
| Energía | 371 kcal |
| Proteínas | 13,6 g |
| Hidratos de carbono | 65,3 g |
| Grasas | 7 g |
| Fibra | 6,7 g |
| Calcio | 159 mg |
| Magnesio | 248 mg |
Una de sus virtudes es que contiene los nueve aminoácidos esenciales, incluido un aporte interesante de lisina, un aminoácido que suele ser más limitado en muchos cereales. Eso no convierte al amaranto en un alimento milagroso, pero sí lo hace útil dentro de una alimentación variada, sobre todo si se combina con legumbres, frutos secos, verduras y otros alimentos proteicos.
También aporta minerales como magnesio, hierro y calcio. La cantidad real que absorbe el organismo depende de la dieta completa y de la preparación. Cocerlo, lavarlo y combinarlo con alimentos ricos en vitamina C, como pimiento, tomate o cítricos, puede ser una estrategia razonable para mejorar el aprovechamiento del hierro vegetal.
Yo evitaría presentarlo como un producto para adelgazar por sí solo. Tiene una densidad energética similar a otros granos secos, así que una ración de 40 a 60 g en crudo suele ser más práctica que servirlo sin medida.
Cómo cocinar el amaranto para que quede agradable
Cocción básica en olla
Antes de cocinarlo, conviene enjuagar las semillas en un colador fino. Después, utiliza como punto de partida una parte de amaranto por dos o dos partes y media de agua o caldo. Déjalo hervir suavemente entre 20 y 25 minutos y reposar otros 5 o 10 minutos con la olla tapada.
El resultado no es suelto como el arroz. El amaranto libera almidón y queda más cremoso y compacto, parecido a una papilla espesa. Si prefieres una textura más ligera, reduce el líquido y úsalo como base de ensaladas templadas o mézclalo con arroz, quinoa o verduras salteadas.
Amaranto tostado o reventado
Para tostarlo, calienta una sartén sin aceite y añade una pequeña cantidad de semillas. Muévelas continuamente porque pueden reventar en pocos segundos. El resultado tiene un sabor ligeramente dulce y tostado, y funciona muy bien sobre yogur, fruta, crema de verduras o ensaladas.
Un error habitual es llenar demasiado la sartén. Si las semillas quedan amontonadas, unas se queman antes de que otras lleguen a abrirse. Yo prefiero trabajar en tandas pequeñas y retirar cada lote en cuanto desprende aroma a fruto seco.
Usos culinarios para aprovecharlo de verdad
En desayunos y meriendas
Cocido con leche o bebida vegetal, se transforma en una crema parecida a unas gachas. Puedes añadir manzana, plátano, canela, cacao puro o frutos secos. Como absorbe bastante líquido, conviene prepararlo con algo más de bebida si buscas una textura suave.
El amaranto inflado es más fácil de utilizar porque no necesita cocción. Se puede mezclar con yogur natural, fruta cortada o una crema de queso, aunque algunas versiones comerciales incluyen azúcar, miel o chocolate. Revisar la etiqueta marca una diferencia importante.
En platos salados
Su textura cremosa permite incorporarlo a sopas, cremas y guisos como espesante. También sirve para preparar hamburguesas vegetales, croquetas o rellenos, especialmente si se mezcla con legumbres, huevo, cebolla y especias.
- En una crema de calabaza aporta cuerpo sin recurrir a nata.
- En una ensalada templada combina bien con garbanzos, tomate, pepino y aceite de oliva.
- En tortitas saladas ayuda a unir verduras ralladas y queso.
- En un guiso puede sustituir parte del arroz, aunque espesará más el caldo.
Como harina
La harina de amaranto tiene un sabor algo tostado y combina bien con cacao, plátano, canela y frutos secos. Puede utilizarse en tortitas, magdalenas, galletas y panes, pero no recomiendo sustituir siempre el 100 % de la harina de trigo.
Al no contener gluten, las masas elaboradas solo con esta harina pueden quedar frágiles o densas. Para empezar, funciona mejor sustituir entre un 10 % y un 25 % de la harina habitual y observar cómo cambia la textura.
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Con hojas de amaranto
Las hojas se cocinan como otras verduras de hoja verde, por ejemplo en salteados, sopas o tortillas. No conviene recoger plantas silvestres o ornamentales sin identificar, ya que no todas las variedades se cultivan para comer y pueden estar contaminadas.
Amaranto, quinoa, arroz o avena
No hay un ganador universal. La mejor elección depende de la receta, la textura que busques y el resto de tu alimentación. Esta comparación ayuda a situarlo.
| Alimento | Textura cocinada | Uso más práctico | Gluten |
|---|---|---|---|
| Amaranto | Cremosa y densa | Gachas, sopas, rellenos y harina | No contiene de forma natural |
| Quinoa | Más suelta y ligera | Ensaladas y guarniciones | No contiene de forma natural |
| Arroz | Variable según la variedad | Guarniciones, arroces y salteados | No contiene de forma natural |
| Avena | Suave y cremosa | Desayunos, masas y repostería | Requiere certificación si se necesita evitar contaminación |
Cuando quiero un plato suelto, elijo quinoa o arroz. Cuando busco una preparación reconfortante y espesa, el amaranto suele dar mejor resultado. Para desayunos rápidos, la avena sigue siendo más sencilla, pero el amaranto aporta una variación interesante y un perfil proteico diferente.
Qué conviene revisar al comprarlo y consumirlo
Busca envases en los que se indique claramente si compras semilla, harina o amaranto inflado. No se comportan igual en la cocina y tampoco tienen la misma densidad por cucharada. La fecha de consumo preferente y un envase bien cerrado son importantes porque la harina puede enranciarse antes que la semilla entera.
Si tienes enfermedad celíaca, el amaranto es naturalmente libre de gluten, pero puede contaminarse durante el cultivo, la molienda o el envasado. En ese caso, elige productos con certificación sin gluten y no des por seguro que todos los derivados son aptos.
Las personas con alergias, problemas digestivos o una dieta médica específica deberían introducirlo poco a poco. Si sigues un tratamiento anticoagulante o tienes indicaciones dietéticas por una enfermedad, evita los cambios bruscos y consulta con tu profesional sanitario, especialmente si quieres consumir grandes cantidades o utilizar hojas y suplementos.
La forma más sencilla de empezar con amaranto
Para probarlo sin complicarte, cocina una pequeña cantidad con caldo de verduras y mézclala con garbanzos, calabacín salteado y aceite de oliva. Así comprobarás su textura real y podrás decidir si te gusta más en platos salados, como crema de desayuno o en forma tostada.
Mi recomendación es tratarlo como un ingrediente versátil, no como un superalimento milagroso. Una ración moderada, buena cocción y combinaciones variadas aportan mucho más que consumirlo a diario por obligación.