Un dolor en el oído puede aparecer después de un resfriado, tras nadar o incluso por un problema dental, y no siempre significa que exista una infección. La intensidad, la duración y los síntomas que lo acompañan ayudan a orientarse, pero hay señales que requieren valoración médica. En esta guía explico las causas más habituales, qué medidas pueden aliviarlo en casa y cuándo conviene acudir a un centro sanitario.
Las claves para actuar sin empeorar la molestia
- No introduzcas bastoncillos ni objetos en el conducto auditivo.
- El dolor tras un catarro suele relacionarse con la presión y la congestión del oído medio.
- Una secreción, pérdida de audición, fiebre alta o mareo intenso justifican consulta médica.
- Las gotas y los antibióticos deben utilizarse solo cuando los indique un profesional.
- Si tomas anticoagulantes, consulta antes de usar ibuprofeno, aspirina u otros antiinflamatorios.
Qué puede causar dolor de oído
La causa más frecuente depende de la zona afectada. La otitis externa inflama el conducto que comunica la oreja con el tímpano y suele aparecer después de nadar, sudar o manipular el oído. El dolor puede aumentar al tocar la oreja o mover el pabellón auricular.
La otitis media se localiza detrás del tímpano y a menudo aparece después de un catarro, una gripe o una alergia. La congestión dificulta la ventilación del oído y puede producir presión, sensación de taponamiento, fiebre y disminución temporal de la audición. En niños pequeños también son habituales la irritabilidad, el llanto y los problemas para dormir.
No todo procede del oído. Una caries, una infección dental, la inflamación de la garganta, la sinusitis o la tensión de la articulación de la mandíbula pueden provocar dolor referido, es decir, una molestia que se percibe en el oído aunque su origen esté en otra zona. Apretar los dientes por la noche es una causa que muchas personas pasan por alto.
| Situación | Signos que pueden orientarte |
|---|---|
| Otitis externa | Dolor al tocar la oreja, picor, enrojecimiento o secreción tras nadar. |
| Otitis media | Presión, fiebre, dolor después de un catarro y audición más apagada. |
| Cerumen acumulado | Oído taponado, zumbido o pérdida de audición, normalmente sin fiebre. |
| Problema dental o mandibular | Dolor al masticar, sensibilidad en una muela o tensión en la mandíbula. |
| Cambios de presión | Molestia después de volar, bucear o subir rápidamente a gran altura. |
Esta clasificación sirve para orientarse, no para sustituir una exploración. Yo no tomaría la presencia de dolor como prueba suficiente de infección, porque el tratamiento cambia mucho según la causa.

Cómo reconocer los síntomas que importan
El dolor puede ser punzante, continuo, pulsátil o una sensación de presión. También puede acompañarse de zumbidos, picor, secreción, fiebre, mareo o pérdida de audición. La combinación de síntomas suele aportar más información que la intensidad aislada.
En adultos
Tras un catarro, es frecuente notar el oído taponado y escuchar peor durante unos días. Si el dolor aparece al tocar la oreja o después de pasar tiempo en piscina, la causa puede estar en el conducto externo. Cuando se relaciona con la mandíbula, suele aumentar al masticar, bostezar o apretar los dientes.
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En niños
Los más pequeños no siempre señalan el oído. Pueden frotárselo, estar más irritables, rechazar la comida o despertarse varias veces. La fiebre y el cambio de conducta son especialmente útiles para decidir si necesitan una valoración, sobre todo en bebés.
Una disminución leve de la audición puede acompañar a la congestión, pero una pérdida repentina o claramente marcada necesita atención rápida. También conviene observar si hay líquido, pus o sangre, porque no debe tratarse como una simple molestia pasajera.
Qué puedes hacer en casa para aliviarlo
Si el dolor es leve y no hay secreción ni señales de alarma, empieza por medidas sencillas. Una compresa tibia sobre la parte externa durante 10 o 15 minutos puede proporcionar alivio. No debe estar demasiado caliente ni introducirse en el conducto.
- Mantén el oído seco y evita nadar mientras persista la molestia.
- Descansa, bebe líquidos y trata la congestión nasal con lavados de suero fisiológico si te resultan adecuados.
- Utiliza paracetamol u otro analgésico únicamente según el prospecto, tu edad, tus enfermedades y las indicaciones del farmacéutico o del médico.
- Si tomas anticoagulantes orales, consulta antes de tomar ibuprofeno, naproxeno o aspirina, porque pueden aumentar el riesgo de sangrado. No suspendas tu anticoagulante por tu cuenta.
Los lavados nasales pueden mejorar la sensación de presión cuando existe congestión, pero no curan una otitis. Tampoco recomiendo forzar la maniobra de “destapar” el oído soplando con fuerza, especialmente si hay dolor intenso o sospecha de perforación.
Hay remedios populares que conviene evitar. No pongas aceite, alcohol, agua oxigenada ni gotas caseras, y no uses gotas comerciales si existe secreción, un tímpano perforado o tubos de ventilación, salvo que las haya indicado un profesional. Los bastoncillos pueden empujar el cerumen hacia dentro y lesionar la piel.
Cuándo consultar y cuándo acudir a urgencias
Pide cita con tu médico de familia o centro de salud si el dolor dura más de 24 o 48 horas, se repite, empeora o no mejora con medidas básicas. También es recomendable consultar si notas secreción, audición reducida, fiebre, un oído muy taponado o dolor después de introducir un objeto.
En bebés menores de 6 meses, un dolor de oído sospechado merece valoración médica. En niños mayores, la consulta es especialmente importante si no pueden dormir, tienen fiebre persistente, están muy decaídos o el dolor es intenso.
Busca atención urgente si aparece alguno de estos signos:
- Pérdida repentina de audición en uno o ambos oídos.
- Mareo intenso, pérdida de equilibrio o vómitos repetidos.
- Hinchazón, enrojecimiento o dolor detrás de la oreja.
- Debilidad en un lado de la cara, dolor de cabeza muy fuerte o rigidez de cuello.
- Sangre o pus tras un golpe, una caída o la introducción de un objeto.
- Fiebre alta con empeoramiento rápido del estado general.
En una situación grave, llama al 112 o acude a urgencias. Si existe sospecha de infección, el profesional decidirá si hacen falta gotas, antibióticos u otra prueba. Muchas molestias no necesitan antibióticos, y utilizarlos sin diagnóstico puede retrasar la solución adecuada.
Errores frecuentes que prolongan el problema
El error más común es limpiar el oído por dentro hasta que deje de sentirse taponado. El cerumen protege la piel y, cuando se acumula, debe retirarlo un profesional o recomendar un producto apropiado después de comprobar que el tímpano está íntegro.
Otro fallo es reutilizar gotas que sobraron de una infección anterior. Una gota adecuada para la otitis externa puede no ser segura si hay una perforación, y una infección del oído medio no se resuelve necesariamente con el mismo tratamiento.
También evitaría retrasar la consulta solo porque el dolor baja durante unas horas. Los analgésicos reducen la molestia, pero no siempre solucionan la causa. Si el síntoma vuelve, aparece secreción o la audición no recupera su nivel habitual, hace falta revisar el oído.
Una forma sencilla de decidir el siguiente paso
Si la molestia es leve, acaba de empezar y no hay fiebre, secreción ni pérdida importante de audición, puedes observar la evolución durante un periodo corto y aplicar cuidados básicos. Si dura más de uno o dos días, afecta a un niño pequeño o se acompaña de otros síntomas, solicita valoración.
La idea principal es no diagnosticarte solo por la intensidad. El oído, la garganta, los dientes y la mandíbula están muy relacionados, por eso una exploración breve puede ahorrar varios días de remedios ineficaces y evitar complicaciones.
Mientras esperas atención, mantén el oído seco, evita manipularlo y lleva anotados los medicamentos que tomas, especialmente si sigues un tratamiento anticoagulante. Esa información ayuda al profesional a elegir un alivio seguro y a decidir si necesitas pruebas o tratamiento específico.